martes, 24 de mayo de 2011

Venganza Capítulo 13

Capítulo dedicado a HopeLove, Aracely, Nileyfanaticaveritop & JB.MC.Lover que son las que comentan la novela(:
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Una vez logrado esto, todo lo que tenía que hacer era mantener la calma y hacer que su relación fuese lo más civilizada posible.
Forzándose a usar un tono natural dijo:
-Es una buena idea, pero antes me gustaría darme una ducha.
-En eso estaba pensando yo también.
¿Por qué no se iba entonces? No quería salir de la cama con él allí y ninguna bata a mano.
Al ver que ella no se movía, él le preguntó:
-¿Estás esperando a que te envíe una invitación para compartir mi cuarto de baño, o es que te da vergüenza?
-Ninguna de las dos cosas -mintió ella.
-En ese caso... -él se puso y en pie y con un hábil movimiento apartó la sábana, dejándola desnuda a la luz del día- venga, fuera.
Se recordó a sí misma que ya la había visto desnuda antes y, con toda la dignidad que pudo, se levantó y fue hacia el armario.
Sin ser consciente de ello, había decidido no llevar nada de lo que le había comprado Nick, incluidos los anillos y el colgante.
Dando para sus adentros las gracias a la señora Kirk por meter en la maleta sus vestidos viejos rebuscó entre las cosas que había en la estantería de arriba. Para cuando hubo encontrado lo que andaba buscando, Nick, por suerte, ya estaba en su cuarto de baño.
Se quitó el colgante y el anillo de compromiso y lo dejó en la cómoda, pero cuando llegó el momento de quitarse el de casada dudó.
¿Sería porque se lo había puesto en la iglesia? ¿Porque en aquel momento aún creía que Nick la quería y que ese iba a ser un matrimonio real?
Fuese por lo que fuese, no pudo quitárselo. Llamándose tonta mil veces se lo dejó en el dedo, prometiendo que se lo devolvería a Nick antes de salir de la isla.
Tras lavarse los dientes se duchó, dejando correr el agua por aquel cuerpo que llevaba las huellas de su pasión, un cuerpo que se sentía distinto, satisfecho y radiante, aunque sus pensamientos eran dolorosos e inquietos.
Qué extraño que su mente y su cuerpo, hasta hacía poco un todo armonioso, estuvieran tan en desacuerdo.
Suspirando, se lavó el pelo para eliminar los últimos restos de arena, se lo envolvió en una toalla y se puso sus sandalias y el traje de baño amarillo que tenía desde que aún estudiaba. Era viejo y le estaba pequeño, sobre todo en el pecho, y no le sentaba nada bien, pero eso le convenía. Lo último que quería era provocarlo.
Estaba en el dormitorio tratando de encontrar un pasador para hacerse una cola de caballo cuando regresó Nick con dos toallas de playa. Recién duchado y afeitado, con unas sandalias y un bañador negro que se ceñía a sus caderas, tenía un aspecto embriagadoramente viril.
Recorriendo con la vista la esbelta figura de Miley le preguntó:
-¿Qué es eso que llevas puesto?
Ella lo miró con una fría arrogancia hasta que la dignidad de su estampa se esfumó al caérsele el turbante hacia un lado. Ella se lo quitó, dejando caer la masa castaña de rizos sobre sus hombros desnudos y dijo:
-No sé a qué te refieres.
-Lo sabes muy bien -dijo él rebuscando en el armario y sacando el bikini de leopardo-. Deja de jugar y ponte esto.
-No estoy jugando, y no me lo voy a poner -dijo echando por la borda la reciente decisión de mantener una relación civilizada con él-. No pienso ponerme nada de lo que me compraste. No quiero que me trates como una...
El se abalanzó sobre ella y le levantó la barbilla con una mano.
-Te trataré como quiera tratarte -dijo en un tono peligrosamente calmado-. Y si eres dócil yo seré amable contigo. Pero si presentas batalla tendrás que atenerte a las consecuencias. Por última vez, Miley, ¿vas a quitarte esto por las buenas o prefieres que te lo arranque yo?
Miley, que sabía muy bien que no era una amenaza hueca, se apartó de él arrancándole el bikini de la mano y entró al cuarto de baño con lágrimas de rabia en los ojos.
Era un animal arrogante y dominante. Le hubiera encantado poder desafiarlo, pero tuvo que reconocer, muy a su pesar, que tenía la capacidad de hacerla obedecer. O sea, que en los días siguientes tendría que llevarlo lo mejor que pudiese y seguir sonriendo.
Cuando regresó a la habitación con el bikini de leopardo ya puesto, él no prestó atención ninguna a su rebelde expresión y dijo con una satisfacción irritante:
-Así está mejor.
-El poder debe crear adicción -comentó ella con amargura.
-Sí -confirmó él-. Una vez que lo has probado todo lo demás parece insípido en comparación.
La chispa de su mirada le dijo a Miley que iba a provocarla otra vez.
-Ahora ven a darme un besito para enseñarme la mujercita tan dócil que tengo.
De alguna manera ella consiguió superar la rabia y le rozó la mejilla con los labios.
-Con poco entusiasmo, pero algo es algo -suspiró él-. Venga, vámonos -dijo tomándola de la mano tras echarse las toallas al hombro.
Sin hablar, tomaron el atajo hasta la playa, donde las olas rompían en la arena y la brisa tropical agitaba las palmeras. El agua era de color aguamarina en la orilla y, mar adentro, lapislázuli y añil, mientras que junto al arrecife tomaba un maravilloso tono jade.
Nick dejó las toallas sobre la arena y, tras descalzarse y aún de la mano, entraron en el agua.
A Miley le chocó la fría temperatura del agua pero, cuando se acostumbró, ésta le pareció una cálida seda que rodeaba su piel. Aunque nunca había nadado en el mar, el tener a Nick junto a ella le daba confianza.
Nadando despacio se podía ver a través de las cristalinas aguas y observó coral, anémonas y peces de unos colores fantásticos paseándose entre el lecho de algas que cubría el fondo.
Aunque Nick era mucho mejor nadador, se quedó junto a ella y tan pronto como Miley empezó a cansarse la esperaba mientras ella flotaba sobre la espalda en el agua.
Al mirar hacia un lado vio que él paseaba la mirada por todo su cuerpo. Su intensa expresión hizo sonar la alarma y el corazón se le aceleró. De pronto, inquieta y asustada, empezó a nadar hacia la playa.
Nick alargó el brazo y la agarró de la muñeca. Ella se resistió y tragó algo de agua, por lo que empezó a toser.
-No -le dijo él bruscamente mientras le sostenía la barbilla con una mano.
Le sujetó la cabeza a flote mientras con la otra mano le bajaba la parte de arriba del bikini para dejar al aire sus pechos, y después la atrajo hacia sí. Los pezones rozaron el vello de su pecho e, inmediatamente, se le pusieron duros.
Él tomó con la otra mano su trasero y lo apretó contra su cuerpo. Miley sintió la firmeza de su viril deseo de un modo que hizo que se le encogiera el estómago.
-Pásame los brazos alrededor del cuello -le ordenó él roncamente.
Ella lo obedeció como si no tuviera voluntad y entonces él le tomó los muslos con las manos para hacer que le rodease la cintura con las piernas. Después la rodeó con sus firmes brazos para aprisionarla pegada a él.
El movimiento del agua mecía sus cuerpos y ella lo miró, indefensa, mientras sentía un dolor dulciamargo, un dolor cuyo centro era él. Un dolor que le daba, al mismo tiempo, un increíble placer.
Acto seguido él tomó sus labios y, mientras acunaba su cuerpo con la ternura de un padre, entró en su boca con la fiereza de un conquistador.
Al fin abandonó sus labios y, agachando la cabeza, halló sus pezones y uno tras otro los saboreó, desatando en su interior unos espasmos como reacción.
Ella respiraba profundamente y sin poder evitarlo apretó su húmeda cabeza contra sus pechos, queriendo prolongar aquel exquisito tormento.
Tras unos instantes, él volvió a levantar la cabeza para decirle al oído:
-Me deseas. Dime que me deseas.
Ella, renuente a reconocerlo, apartó la cara.
-Dilo -le ordenó él-. Quiero oírlo.
-Ya sabes que sí -dijo ella añadiendo desde lo más profundo de su corazón-. ¡Pero ojalá no fuera así! Me desprecio por desear a un hombre al que odio, un hombre que me está utilizando.
Ella observó cómo él palidecía a pesar de la bronceada piel. Aquellas palabras habían sido como un puñado de piedras que le hubiesen arrojado.
Sin una palabra más la soltó y comenzó a nadar vigorosamente hacia la playa. Ella quedó flotando un instante antes de comenzar a hacer lo propio.
Pero estaba más cansada de lo que había pensado y la playa parecía estar muy lejos. El mar, en vez de sostenerla, daba la impresión de que se la quería tragar.
Le dio pánico quedarse demasiado atrás y forzó la brazada para alcanzarlo. Los pulmones empezaron a resentirse y sintió una presión en el pecho. Abrió la boca para tomar aire, tragó agua y, atragantándose, comenzó a hundirse.
Con el corazón a toda velocidad y un rugido en los oídos luchó y salió de nuevo a flote pero enseguida se hundió otra vez.
Entonces, como por milagro, unas fuertes manos la sujetaron y mantuvieron su cabeza fuera del agua.
-No te muevas -le ordenó él, añadiendo en un tono más tranquilo-. Ya estás a salvo. Vuélvete y flota sobre la espalda.
La arrastró hasta que, al acercarse a la orilla, se puso en pie y la tomó en sus brazos.
Una vez en la cálida arena la depositó en el suelo y se sentó junto a ella.
-Gracias -logró decir ella con la respiración aún entrecortada-. Me temo que no soy muy buena nadadora.
-No debí haberte dejado -dijo con un enojo en la voz que Miley adivinó iba dirigido contra sí mismo-. ¿Cómo estás? ¿Has tragado mucha agua?
-Estoy bien. Sólo he tragado un poquito, eso es todo.
Pero, a pesar del calor que hacía, estaba muerta de frío y temblando.
-Mejor te llevo a casa -dijo él, preocupado.
La envolvió con las toallas y, una vez más, la levantó en brazos y comenzó a caminar a una velocidad que daba muestra de su excelente forma fisica.
-Si no tienes cuidado esto se va a convertir en una costumbre -bromeó ella aún tiritando.
Él le lanzó una breve y sorprendida mirada y luego, con una media sonrisa pícara, contestó:
-Se me ocurren otras peores.
Al llegar a la casa la llevó directamente al baño y, como si fuera un bebé, la metió en una bañera llena de agua caliente y perfumada.
Ella se sentó con la cabeza apoyada en el borde y la reconfortante tibieza del agua empezó a reemplazar a aquella profunda sensación de frío.
El, al ver que recuperaba el buen color, le preguntó:
-¿Puedo dejarte sola un par de minutos?
-Claro.
-No lo tengas tan claro. Un shock es algo muy imprevisible.
-Ya estoy bien, en serio -insistió ella, agradecida al ver su preocupación.
Él regresó casi inmediatamente.
-Tómate esto.
Se incorporó un poco para agarrar la taza de té con azúcar que él le había llevado y, aunque odiaba el té con azúcar, se lo bebió dócilmente.
-Ahora relájate y en un momento te daré el desayuno en la cama -dijo él mientras le apartaba un húmedo rizo que se le había pegado a la mejilla.
-No sé por qué tengo que volver a la cama: no soy una inválida.
-Vas a quedarte toda la mañana en la cama -respondió él, añadiendo sarcásticamente-. Y, para que no te preocupes, quiero decir sola... Si quieres compañía tendrás que pedirlo.
Tras irse él, ella volvió a recostarse y cerrar los ojos. Era una mezcla extraña, pensó. Tan considerado y tierno algunas veces, y tan frío y cruel otras...

Pero era un hombre como no había dos.
Y si, algún día, alguna mujer lograba ganarse su amor y su respeto esa sería una mujer muy afortunada. Estaba casi dormida cuando él volvió.
-¿Te has lavado el pelo?
-No.
Una vez que ella lo hubo hecho, él tomó una toalla , y le secó los rizos castaños casi por completo. Después la ayudó a salir de la bañera, le secó la piel con una delicadeza que hizo volver a la vida a cada terminación nerviosa del cuerpo de Miley.
Unos minutos más tarde estaba metida en la cama, rodeada de almohadones, aturdida y excitada. A juzgar por la mirada irónica de Nick mientras le daba de comer los waffles con caramelo, éste sabía exactamente lo que había hecho y lo había disfrutado mucho.
¡Por supuesto! La noche anterior le había explicado que las sensaciones se reforzaban unas a otras y además acababa de decirle que si quería compañía tendría que decirlo. Era evidente que esperaba que el susto derribase las barreras, tal y como hizo la rabia, y ella cayese en sus brazos.
Pues su plan había fallado. Aunque una parte de ella deseaba desesperadamente estar con él, Miley no pensaba ceder.
Tan pronto como terminó el café y, temerosa de cambiar de opinión, fingió un bostezo.
-¿Estás cansada?
Ella asintió sin hablar. La voz podía traicionarla.
Él hizo un gesto de ironía, admitiendo tácitamente la derrota, antes de taparla como si fuera una niña.
Dejó las ventanas abiertas pero corrió las cortinas y dijo suavemente antes de desaparecer:
-Que duermas bien.
La leve brisa agitaba la floreada tela de las cortinas, se oía el avión volando sobre la isla y, en la distancia, las gaviotas chillaban...
Su cuerpo aún, estaba excitado y creyó que no se dormiría. Pero un instante después el mundo se desdibujó y los párpados se le cerraron...

Miley comenzó a emerger gradualmente de aquel profundo sopor para pasar a un sueño más ligero y, entonces, empezó a soñar.
Alguien estaba tendido a su lado y la besaba. Eran unos besos suaves, sobre los párpados y las mejillas, y mientras tanto unas hábiles manos se deslizaban bajo la fina camiseta de algodón para acariciar sus pechos y despertarlos también.
Ella se abandonó completamente con un suspiro y cuando aquellos fascinantes labios le rozaron los labios e intentaron aparatarse, ella echó los brazos alrededor de un cálido cuello y abrió los suyos como una invitación.
Con los ojos aún cerrados disfrutó de la satisfacción que aquellos labios y aquellas manos le daban sin prisa alguna hasta convertirla en una dócil masa de sensaciones.
Ella se movió para dejar avanzar aquellos dedos que la invadían tan sabiamente y, dejando escapar murmullos de placer cuando alcanzaron el centro mismo del aquella exquisita sensación, esperó a que la llevasen al clímax.
Pero estos se detuvieron de golpe y se retiraron negándose a darle el placer que ansiaba... Y entonces, increíblemente, él se apartó.
Con una exclamación de frustración, ella intentó tirar de él para mantenerlo cerca. Aquel hombre de carne y hueso, y no de fantasía, se mantuvo lejos.
-Tienes que pedírmelo, Miley... -dijo un burlón susurro junto a su oído.
Ella fue incapaz de romper el oscuro embrujo de los sentidos, incapaz de negar la necesidad que la inundaba, a pesar de su determinación de no rogarle.
-Por favor... Vamos, por favor...
Tras un instante eterno sintió aquel conocido peso sobre su cuerpo mientras, piel con piel, él se acomodaba en el acogedor lecho de sus caderas.
La primera y profunda penetración hizo retorcerse en un éxtasis el cuerpo de Miley y comenzó la espiral que culminaría en una explosión de luz y júbilo.
Un par de instantes después, Nick se tendió a su lado y la abrazó. Ella permaneció quieta, con la cabeza sobre el hombro de él, mientras el mundo volvía a la normalidad y los latidos de sus corazones recuperaban el ritmo habitual.
Pronto lo odiaría a él y se odiaría a sí misma, pero en aquel momento todo lo que sentía era deleite en la virilidad y la fuerza de aquel hombre que era su marido, deleite en el placer que se podían dar el uno al otro. Porque aquello era un intercambio de placer, y ambos daban y recibían. De eso no cabía ninguna duda.
Y era maravilloso.
Miley le iba a devolver la sonrisa a Nick cuando el sentido común empezó a hacer su aparición y la hizo recordar que no había amor entre ellos. Sólo sexo...
No se dio cuenta de que había pronunciado las dos últimas palabras en voz alta hasta que él le contestó con dulzura:
-El sexo no tiene nada de malo mientras sea una experiencia placentera para ambas partes. Si dejas de resistirte, no sólo a mí sino a tus propios deseos, y disfrutas de lo que compartimos, encontrarás la situación más fácil de llevar.
Aquellas palabras la hicieron ponerse rígida. Si creía que iba quedarse dócilmente a su lado hasta que completase la venganza y estuviese listo para deshacerse de ella estaba muy equivocado.
Se apartó bruscamente y se sentó en la cama.
-¿Y esperas que no me importe que me hayas engañado para casarme contigo? ¿Y tampoco el que me estés usando para hacerle daño a mi hermano? ¿Que te vayas a deshacer de mí cuando ya no te sirva para nada?
Él se sentó a su lado y le pasó un brazo por los hombros. Con un cruel gesto en los labios dijo:
-Suponiendo que juegues bien tus cartas quizá no quiera deshacerme de ti. Si al cabo de cinco meses... Eso es lo que duró el matrimonio de Ginny. Lo que tardó tu hermano en llevarla a drogarse...

6 comentarios:

  1. Primera en comentar
    Me encanto el capitulo
    Y me encanta la nove pero creo que ya te lo habia dicho
    Pliss no te olvides de pasar por mi blog y seguirme
    Cuidate y sube prontito

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  2. o.O! OMJ!!
    en serio k estuvo fantasticooo!!!!
    ya kiiiero el siguiente, en serio
    que estuvo genial!
    chik! sube pronto!
    y pasate por mi blog :)
    kuidate

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  3. O________________O mori con lo que dijo al final! OMG! estubo genial, y muchas gracias x dedicarnos el capi, sos una ternura♥
    En fiin! me encanto, definitivamente la novela es MUY buena!! :D

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  4. chan chan jaja y lo q l dijo nick muy mal jaja
    sorry qdo genial el cap
    tanks x la dedicatoria
    me encanta tu nove
    sube pronto
    cuidate bye

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  5. Wooo!!! gracias x la dedicatoriaa!!! Me encanta comentar jep y mas en tus noves xq son simplemente espectaculares sin exagerar jep Me super gusto el cap. y estoy esperando el siguiente =)
    Besos y abrazos!!!!

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  6. este nick esta para darle unoss palmazos por la cabeza... tan malo que sea... aunque para que estamos a miley igual le gusta el leseo
    saludos para ti... me perdonas por no comentar todos los capitulos se me olvida...
    saludos!!

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