martes, 31 de mayo de 2011

Venganza Capítulo 16

Él se quedó quieto unos segundos y después, con un murmullo incoherente, la abrazó con todas sus fuerzas.
-Lo siento, cariño. ¿Te he hecho daño? -preguntó al oír una pequeña queja.
-Sí... No... No importa. quiero que me abraces.
Él lo hizo y luego se separó para mirarla a la cara. Lo que vio en ella fue el afrodisiaco más potente jamás creado.
Poco a poco, como un hombre que sabe saborear los placeres, le quitó las horquillas y sonrió al ver caer aquella cabellera castaña y le bajó los tirantes del camisón, que cayó al suelo con un sedoso rumor. La luz de la luna bañaba sus muslos, sus hombros y la pálida curva de sus pechos.
Era hermosa, pensó él. Delicada como una figura de porcelana y, sin embargo, fuerte y arrojada, con un espíritu inquebrantable.
Las manos de Nick ocuparon el lugar de la luz de la luna y sus caricias casi le detuvieron el corazón.
Sus bocas se unieron y se formó entre ellos una corriente de excitación tan fuerte que los transportó a ambos. Él la tomó en brazos y la tendió sobre la alfombra antes de desnudarse con apresurados dedos.
Miley al verlo allí, desnudo y hermoso como una estatua griega, extendió los brazos para hacerlo tenderse. La boca de Nick repartió besos por sus párpados, su pelo, sus labios entreabiertos y sus pechos, mientras, conociendo perfectamente sus necesidades, la acariciaba hasta volverla loca.
Cuando por fin cubrió el cuerpo de ella con el suyo no hizo ningún intento por no descargar todo su peso. Sabía instintivamente que ella ansiaba sentirlo.
Hicieron el amor con prisa y furia y el clímax fue casi insoportable.
Más tarde, cuando sus latidos se habían calmado, él se puso en pie y para protegerla de la fría brisa que entraba por la ventana la llevó a la cama.
La abrazó y le hizo apoyar la cabeza en su hombro mientras decía tiernamente:
-Duerme, amor mío.
Amor mío...
Pero ella no era su amor. Era una mujer que lo satisfacía. Aunque él odiase a su hermano. Y cuando se hubiese vengado de éste y ella dejara de agradarle, la abandonaría, ya que no había ningún sentimiento profundo, ningún afecto.
Miley permaneció tendida escuchando la profunda y regular respiración de Nick y, mientras su cuerpo era todo júbilo, su corazón lloraba lágrimas de sangre.
Miley y Nick prolongaron la estancia en la isla varios días y cuando volvieron a Nueva York, en forma y bronceados, hacía un calor sofocante y el menor soplo de brisa, aún con olor a humo de los coches, era un tesoro.
La señora Kirk, con unos pantalones de chándal amarillos y una camiseta roja y verde les recibió con su habitual austero entusiasmo.
-Ya tengo la comida preparada y he hecho sitio en tu dormitorio para las cosas de Miley. Supongo que lo compartirán, ¿no? ¿Este no será uno de esos matrimonios modernos en que los dos tienen habitaciones separadas?
-No, le aseguro que no -dijo Nick con una mirada que hizo sonrojarse a Miley y desear que estuvieran solos.
Ella asintió con cara de aprobación y ya se alejaba cuando se detuvo para decir:
-Ah, y ha llamado la señorita Guggenheim -pronunció el nombre dejando claro lo que pensaba de ellapara recordar que hace una fiesta el sábado por la noche. Le dejé muy claro que estabais de luna de miel pero insistió en que habías prometido ir. Y el señor Hayward llamó varias veces para preguntar si habíais vuelto.
Al oír el nombre de Trace, la cara de Nick adoptó un gesto frío. Tras llevar las maletas al dormitorio dijo bruscamente.
-Tan pronto como me haya duchado y cambiado me voy a la oficina. ¿Encontrarás algo que hacer mientras no estoy?
Miley se quedó helada al oír el tono de su voz y repuso:
-Claro pero, ¿no vas a comer algo antes?
-Pediré que me suban un sandwich si quiero comer.
Diez minutos más tarde añadió escuetamente:
-No sé a que hora volveré, o sea, que no me esperes.
Y tras esto desapareció y ella se quedó sola. Su burbuja de felicidad había explotado como un globo que roza un alfiler.
Mientras habían estado lejos, enterrando en lo más hondo de su mente las dudas sobre el futuro, cada día había sido como un valioso tesoro en que había vivido, amado y reído y lo había dado todo.
Él, como si también se hubiera liberado momentáneamente de sus espíritus malignos, había parecido en ese tiempo incluso más joven y guapo. Había un resplandor en su cara que se podría haber tomado por felicidad.
Habían pasado los días paseando y practicando deportes acuáticos, tomando el sol en la playa y leyendo y las noches haciendo el amor lenta y satisfactoriamente.
Nick había hecho el desayuno que, hablando y besándose, habían tomado en la cama. A menudo para hacer después el amor.
Él había conocido muchas mujeres de aspecto sexy que habían resultado ser frías y calculadoras y se sintió conquistado por el calor y la pasión que escondía bajo aquel aspecto tranquilo. Y se lo había dicho.
Aunque no se sentían incómodos en silencio habían conversado durante horas, debatiendo sobre cualquier cosa. La mayor parte de las veces estuvieron de acuerdo y, cuando no, habían disfrutado de las batallas retóricas. Lo único de lo que no habían hablado nunca era de Trace y la sombra que pendía sobre su relación.
Habían explorado la zona buscando animalitos y, a pesar de que era muy escrupulosa en sus higiene personal, Miley no había protestado por tener los pies llenos de barro, o el pelo enredado.
Nick, acostumbrado a las mujeres aburridas y superficiales que no parecían poder pasar un día sin ir a un salón de belleza, se había deleitado con la personalidad de Miley, su entusiasta amor por la vida y su completa falta de vanidad. Y una vez más se lo había dicho, dándole así esperanzas de que algún día podrían cambiar las cosas.
Ella no había echado de menos la gente, ni las salidas nocturnas y, aunque habían estado aislados, Miley se había sentido en el paraíso.
Ahora, de pronto, estaba de nuevo en la tierra y con su regreso a Nueva York y a la vida real, Nick era de repente un hombre distinto del desenfadado amante que fue en la isla y todas las esperanzas de Miley se perdieron.
En los días siguientes casi no lo vio, ya que trabajaba de sol a sol. Algo que, a pesar de su natural energía, le daba un aspecto cansado.
Aunque dormían en la misma cama, él no hizo ningún intento de tocarla y la trataba con una cortés frialdad que le rompía el corazón. Tal vez si ella se hubiera acercado a él las cosas hubieran sido distintas pero, aunque deseaba ardientemente estar en sus brazos, su orgullo la impedía pedírselo.
A la primera oportunidad que tuvo llamó al apartamento de Trace y oyó un mensaje que decía que estaba en California en viaje de negocios. Ella dejó en el contestador otro pidiéndole que la llamase en cuanto regresase.
El teléfono no sonó hasta el viernes por la tarde.
-¿Miley?
-¡Trace! -exclamó ella con alegría-. ¿Cuándo has vuelto?
-Hace diez minutos. ¿Podemos vernos?
-Sí, ¿dónde?
-Supongo que ahora puedes salir, ¿no?
-Sí, sí puedo.
La señora Kirk estaba fuera y Miley estaba a punto de cenar sola en la cocina.
-Nick trabaja hasta tarde -añadió-. Tiene que ponerse al día después de las vacaciones.
-¿Cenamos juntos entonces? Toma un taxi y espérame en Fingles en media hora.
-¿Dónde está?
-En Madison esquina con la calle Sesenta y siete.
-Allí estaré.
Miley llamó a un taxi sin perder un segundo. Para cuando se hubo puesto un elegante vestido negro de cóctel y bajado al vestíbulo del edificio, éste ya la esperaba.
Al llegar a Fingles, un selecto restaurante, Trace ya estaba allí, esperándola bajo el toldo de la entrada.
Se apresuró a recibirla y pagó al taxista antes de acompañarla al interior a través de las puertas de cristal ahumado que un empleado les abrió.
El aire acondicionado mantenía la verde y dorada sala a una temperatura perfecta y había flores, que le daban un toque de color. Estaba bastante llena, con la mayor parte de las mesas ocupadas por una clientela muy bien vestida.
Trace le murmuró unas palabras al jefe de camareros y le pasó discretamente un billete. Un instante después les conducían a un reservado.
Ni Nick lo hubiera hecho mejor, pensó Miley mientras miraba la carta.
Tan pronto como estuvieron solos, los torturados ojos castaños de Trace estudiaron su cara.
-¿Estás bien?
-Sí, todo va bien.
-No tienes aspecto de ser muy feliz -observó él astutamente y suspiró-. Ojalá hubiéramos tenido ocasión de conocernos realmente.
-Eso pienso yo. Pero ya tendremos tiempo de ahora en adelante.
-Lo dudo. Nick me odia y no le gustará que nos veamos -dijo Trace con el puño tan cerrado que los nudillos se le pusieron blancos-. Si se entera de lo de esta noche se pondrá furioso y puede que...
Ella le cubrió la mano con la suya con un gesto tranquilizador.
-No tienes de qué preocuparte.
-Ojalá yo estuviese tan seguro.
-Puedes estarlo.
-Pero sólo se ha casado contigo para... -Trace se detuvo súbitamente.
-Ya se por qué se ha casado conmigo -repuso ella con calma-. Pero no importa lo que te quiera hacer creer a ti: no va a hacerme ningún daño.
Trace, con la voz insegura, preguntó:
-¿Si sabes por qué se casó contigo por qué no lo dejas?
-Porque lo quiero.
Era la verdad, aunque no toda la verdad.
-Es peligroso enamorarse de un hombre así -contestó Trace sombríamente-, de un hombre duro y cruel...
¿Te ha hablado de Ginny...?
Se quedó callado de pronto al ver que un camarero había aparecido junto a él.
Tan pronto como hubieron pedido y volvieron a estar solos, Miley dijo despacio:
-Sí, me ha hablado de Ginny.
-Era una chica preciosa, alegre y animada. No llevábamos mucho tiempo casados cuando a Nick se le metió en la cabeza, por alguna razón, que yo la pegaba...
-¿Lo hiciste?
-¡No, por Dios! Estaba enamorado de ella. Me di cuenta muy pronto de que nuestro matrimonio había sido un error pero jamás, jamás, le hubiera puesto una mano encima.
Su voz tenía una sinceridad inconfundible.
-Pero no conseguí que Nick me creyese. Una vez
casi me partió la mandíbula porque le vio un cardenal en el brazo. No se por qué, ni qué pasó, pero todo empezó a ir fatal. Nada de lo que hacía la complacía y después de perder el bebé, Nick la convenció de que me dejara. Me pregunto si él... -se quedó callado.
Tras unos momentos, Miley dijo con calma:
-No es lo que estás pensando. Él cree que tú la hiciste caer por las escaleras en medio de una discusión.
-¡Dios mío! -exclamó Trace con cara de horror-. Reconozco que aquella noche estábamos discutiendo pero se tropezó ella sola. Carole tiene que saberlo.
-¿Carole?
-Es una amiga de Ginny. Estaban muy unidas, incluso después de casarnos -y añadió con rabia-. Siempre he pensado que fue una mala influencia. Ojalá a Nick sí le hubiese gustado esa chica, quizá él hubiese podido evitar que se metiera en problemas.
«O sea, que así es como Carole encaja en la historia», pensó Miley.

sábado, 28 de mayo de 2011

Venganza Capítulo 15

Miley sintió un escalofrío y se preguntó si sus palabras serían proféticas. En ese preciso instante avistó a un hombre alto y bien formado con el pelo rubio y rizado que se acercaba. Instantes después, con la vista fija en la pareja, cruzaba el puente y subía las escaleras.
Su agradable rostro tenía una expresión sombría y cansada, y tenía la frente cubierta de sudor, los zapatos polvorientos y el traje arrugado. Tenía el aspecto de alguien que, perseguido por un demonio, había viajado demasiado lejos y demasiado rápido.
Nick dio un paso al frente pero ninguno de los dos hombres habló. Tras el primer choque de miradas ambos miraron a Miley, como esperando su reacción.
Ella observó a aquel hombre que tenía el ceño despejado y los ojos castaño oscuro de su madre y no le resultó un desconocido, como si todos aquellos años de separación no hubieran existido. Eran hermano y hermana, eran de la misma sangre y la actitud de Trace le confirmó lo que ya sabía: que se preocupaba por ella.
Aquella corriente instantánea de reconocimiento y simpatía la llenó de una cálida sensación y la hizo olvidar sus temores, afianzando su decisión de hacer funcionar el plan.
-Trace -dijo con alegría y una sonrisa radiante en la cara-, ¡me alegro tanto de conocerte por fin!
Al tiempo que ella se ponía de puntillas para besarle en la mejilla él la abrazó fuerte antes de preguntar muy rápido:
-¿Estás bien?
-Soy la mujer más feliz del mundo. ¿Quién no lo sería con un marido tan estupendo?
Se volvió para tomar a Nick de la mano y hacer que se acercase más.
-Cariño, ven a saludar a Trace.
Se podrían haber hecho apuestas a cuál de los dos estaba más asombrado.
Rogándole al cielo que le siguieran el juego, Miley esperó con una sonrisa en los labios. Cuando ambos se hubieron saludado con una fría inclinación de cabeza, ella les tomó a los dos por el brazo y, pequeña y delicada en medio de aquellos dos hombretones, les condujo hacia el interior hablando sin parar.
-Nick me dijo que vendrías tan pronto como pudieras. Siento que te perdieses la boda. Fue un poco precipitado pero, una vez que comprendimos que nos habíamos enamorado, no pudimos esperar...
Y sonrojándose encantadoramente miró a Nick con devoción.
Una vez dentro llevó a Trace hasta el sillón más cercano mientras decía:
-Siéntate, anda. Pareces agotado. Pero es que este calor y la humedad...
Buscó otro tema de conversación y halló la inspiración al ver el mueble bar del rincón.
-Nick nos preparará algo frío de beber, ¿verdad, cariño?
Él asintió con una mirada irónica.
-Por supuesto. ¿Qué quieres tú, preciosa?
-Un vodka con tónica y mucho hielo.
-¿Y tú, Trace? -preguntó Nick con educación pero sin afecto.
Trace se secó el sudor de la frente con el pañuelo y dijo, un tanto asombrado:
-Lo mismo, gracias.
Mientras Nick servía las bebidas, Miley se sentó en el brazo del sillón de Trace y le preguntó:
-¿Qué tal fue el viaje a Hong Kong? ¿Fue todo bien?
Trace se vio obligado a hablar y comenzó a relatar los estupendos acuerdos que había cerrado durante el viaje.
A continuación, para alivio de Miley, Nick le hizo un par de preguntas al respecto y durante un rato conversaron civilizadamente.
En cierto momento, Trace interrumpió la descripción de uno de los contratos que se firmaron para decir de repente:
-Lo siento, Miley. No debería haber ido. Me arrepiento mucho de haberte abandonado así...
-¡Pero si no me dejaste abandonada! -dijo ella con firmeza-. Hiciste todo lo posible para asegurarte de que estaba bien cuidada.
Y entonces, luchando por llevar la iniciativa, añadió rápidamente:
-Y me pareció muy amable por parte de Nick el ir a recibirme, y dejarme vivir en su apartamento, en vez de obligar a la pobre señora Simpson a cancelar sus vacaciones -y acurrucándose junto a él añadió--. Ha sido tan bueno conmigo... Se ha asegurado de que tuviese todo lo que necesitaba...
-No absolutamente todo -objetó Nick malévolamente.
Ella continuó como si nada.
-Pero lo mejor de todo es que se ha tomado tiempo para enseñarme Manhattan y estar conmigo todo el día. Y las cosas no podrían haber salido mejor -comentó mientras le tomaba la mano y se la estrechaba-. Es como un sueño hecho realidad. Casi no me puedo creer que estemos casados...
Un relámpago iluminó súbitamente la habitación y la hizo dar un salto. Aquello les hizo reparar en que el cielo se había oscurecido considerablemente. Al relámpago le siguió un trueno lejano.
Nick se puso en pie con un elegante movimiento, manteniendo a Miley a su lado, y se dirigió a Trace:
-Si tienes intención de volver a la costa esta noche sería mejor que no lo dejases para mucho más tarde.
Aunque muy cortés era sin duda una orden.
Miley observó a los dos hombres mientras sentía que la tensión le aprisionaba la frente. La hostilidad flotaba en el ambiente.
Corriendo un riesgo calculado se apoyó en el costado de Nick y mirándolo a la cara dijo:
-Pero puede quedarse aquí, ¿verdad, cariño? -lanzó una risita pícara y añadió-. Ya sé que estamos en nuestra luna de miel pero...
Trace adoptó súbitamente una expresión confusa e insegura. Se sonrojó levemente y se puso en pie.
-Gracias, pero creo que me voy a ir. Ya he reservado la habitación en el hotel.
Ella se acercó a abrazarlo.
-No sé como darte las gracias por preocuparte tanto por mí.
Dijo mostrando por un segundo a la verdadera Miley.
-Mira, hermanita -comenzó a decir él desesperadamente-, ¿estás segura de que sabes...?
-Sé que tú y Nick han tenido sus diferencias en el pasado -lo interrumpió apresuradamente- pero de ahora en adelante todo va a ir bien.
En su voz había una alegre confianza que estaba muy lejos de sentir.
-Gracias por venir y... -se detuvo, quedándose sin palabras por un momento, antes de seguir--. Cuídate. Ya tendremos ocasión de hablar más cuando Nick y yo volvamos a Nueva York.
Trace estudió su cara y, tras unos segundos, se volvió súbitamente.
Otro relámpago iluminó el cielo mientras Nick salía a la terraza siguiendo al otro hombre.
-Antes de que te vayas quiero informarte de la situación de CMH...
Miley los observó. Ambos eran de la misma estatura pero Trace parecía más joven y algo menos fuerte que Nick.
-No me importa nada lo que me hagas a mí, pero más te vale tratarla bien a ella -le oyó decir con la emoción contenida.
La risa suave y burlona de Nick lo siguió mientras bajaba las escaleras hacia el puente. Un momento después se oyó el motor del bote y vio la motora alejarse y unirse a una flotilla de barcos que huía de la tormenta.
Tras el siguiente relámpago empezó a llover a mares, tanto que casi no se oyó el trueno.
Miley cerró las puertas ante aquel diluvio y empezó a decir con cierta ansiedad:
-¿Crees que Trace...?
-No le pasará nada -la interrumpió él y añadió, sibilinamente, volviéndose a mirarla-. Deberías preocuparte más bien por ti misma. Tengo intención de darte tu merecido por toda esa farsa.
Siempre había sabido que Nick era del tipo de hombre al que es mejor no contrariar. Pero, en su deseo de calmar los temores de su hermano, no había pensado en las consecuencias.
Y ahora era demasiado tarde.
De pie en medio de la oscura habitación, mientras la tormenta rugía fuera, reprimió el pánico que la asaltaba y dijo con tanto desprecio como pudo:
-¿Por qué no? Eres un hombre muy fuerte. Si quieres ponerte en el lugar de la sartén que le dice al cazo que le tizna... Pero hagas lo que hagas no se lo pienso contar a Trace.
-No tendrás que hacerlo.
Se aproximó, alto y amenazador, y ella tuvo que recurrir a todo el valor que poseía para no moverse de donde estaba.
La tomó por la barbilla y le levantó la cara, sonriendo ante su gesto de miedo.
-Puedes haber engañado hasta cierto punto a tu hermano con tu actuación de mujercita devota pero él ya está bastante preocupado. Sabe perfectamente por qué me he casado contigo.
Estudió la pálida y cansada cara de Miley y, súbitamente triste, dijo con un suspiro:
-Has sido tan valiente, tan noble, al defender a un hermano que no vale ni la décima parte que tú...
-Vale la pena todo lo que pueda hacer por él -respondió ella-. ¿Es que no ves que no es la clase de hombre que maltrataría a una mujer embarazada? -le suplicó ella con desesperación-. Tienes que estar equivocado.
Los rasgos de Nick se endurecieron.
-Se te olvida que me lo contó Ginny. Y no es posible que ella se equivocara.
Miley reconoció que era inútil seguir. Que jamás podría limpiar el nombre de su hermano ante Nick porque luchaba contra un fantasma. Se le humedecieron los ojos y, a pesar de sus esfuerzos por no parpadear, dos lágrimas gemelas le rodaron por las mejillas.
Él se las secó con los pulgares y comentó con más amabilidad:
-Parece que ya has tenido bastante por hoy. Y este torbellino emocional no es nada bueno para ti.
La tomó de los hombros y la hizo sentarse en un sillón antes de salir de la estancia.
-He comprobado que tu hermano ha llegado bien. Un poco mojado, pero bien -dijo al regresar-. Ahora relájate y vamos a cenar algo.
Aquella inesperada amabilidad la hizo llorar aún más. A pesar de toda su arrogancia y la ocasional crueldad, podía ser tan tierno y considerado cuando quería...
Si se hubieran conocido en otras circunstancias y hubiera podido enamorarse de ella... Pero era una reflexión inútil y triste.
Poco a poco la tensión cedió y en su lugar quedó un vacío, una dolorosa tristeza.
Cuando Nick entró de nuevo estaba muy animado.
-Es simplemente una cena de microondas, pero ven a comer algo.
Aunque lo último que tenía era hambre se dirigió a la cocina. Al entrar la cegó el brillo de la luz que él había encendido.
Todavía se oía la lluvia corriendo por los cristales y bajando por las cañerías, pero la tormenta se estaba alejando.
Cuando él empezó a servirle el pollo con arroz, Miley meneó la cabeza sintiendo unas ligeras náuseas.
-No creo que...
Tienes que comer algo -le espetó él con suavidad y firmeza-. No has comido prácticamente nada en los dos últimos días.
Al tiempo que le servía una copa de vino siguió hablando:
-De ahora en adelante me voy a encargar de que disfrutemos a fondo de nuestra luna de miel, o sea que vas a tener que recuperar las fuerzas... -riendo súbitamente ante la cara de ella aclaró-. Quiero decir para otras cosas, además de hacer el amor...
Aquella risa lo hacía irresistible y a Miley le dio un vuelco el corazón al observar las arrugas que se le formaban alrededor de los ojos.
-Cuando pase la tormenta volverá a hacer sol. Y la señora Kirk va a pensar que nos hemos pasado demasiado tiempo en la cama si no volvemos con un buen bronceado...
Ella le agradeció lo que intentaba hacer e incapaz de permanecer insensible ante tal encanto, sintió que una chispa de calor empezaba a eliminar aquel frío en su interior.
-O sea, que tenemos varias actividades al aire libre en agenda. Voy a llevarte de paseo, y a navegar. Y si el incidente de esta mañana no te ha asustado demasiado podemos probar a bucear...
-Sí, me encantaría...
-Bien -dijo él alzando la copa en honor a su valentía-. Prometo cuidarte más en el futuro y estoy seguro de que te vas a divertir. ¿Brindamos por eso?
Ella dio un sorbo de aquel delicioso vino helado y dejó la copa en la mesa. Entonces él, como si fuera una niña, le puso delante de la boca el tenedor con un trozo de pollo y la animó:
-Vamos, come...
Tras tomar aquel bocado siguió ella sola, cayendo en la cuenta de pronto de que estaba muerta de hambre.
A lo largo de la cena el cielo se fue despejando y él le hablaba sobre las islas y la costa de Florida.
-El fondo del mar es fascinante. Hay todo tipo de criaturas extrañas y bancos de peces de colores que nadan entre el coral y los barcos naufragados.
-¿Hay muchos barcos hundidos? -preguntó ella, muy interesada.
-El arrecife se ha llevado más oro de los galeones españoles que ningún pirata.
Mientras conversaban amistosamente tomando café y coñac, Miley se fue sintiendo más cansada.
-Si quieres irte a la cama... -murmuró él con una extraña dulzura.
Ella se puso en pie comentando:
-Es prácticamente lo único que he hecho hoy: quedarme en la cama y dormir.
-Bueno, no exactamente -dijo él.
Y al ver cómo ella se ruborizaba pensó en lo divertido que resultaba burlarse un poquito de ella.
-Yo subiré dentro de un rato --añadió tras darle un breve beso en los labios.
Tras lavarse los dientes y prepararse para acostarse observó que había salido la luna, y se apoyó en el alféizar de la ventana para contemplar la playa bajo sus rayos.
Lo único que rompía el silencio era el murmullo de las olas y el de las miles de gotas de lluvia que caían de las hojas de los árboles al suelo.
El aire era fresco y cargado de humedad y en el cielo brillaban montones de estrellas sobre un fondo azulón. Parecía que al día siguiente estaría despejado y podrían empezar a hacer todas las cosas que Nick había sugerido.
Había hablado de disfrutar de su luna de miel. Pero, ¿cómo podía disfrutarla con un hombre que la utilizaba, un hombre al que odiaba?
No, no lo odiaba. Lo había intentado pero no lo había logrado.
Aunque sí odiaba la atracción que sentía hacia él, la forma en que él usaba aquella atracción para derrotar su voluntad, para satisfacer una necesidad que cualquier mujer...
Aquella idea se interrumpió cuando le vinieron a la mente la madrastra de Nick y la pobre Carole. No, no le servía cualquier mujer...
Quizá, debido a aquella desilusión cuando era tan joven, sentía cierto desprecio por las mujeres en general. Quizá era incapaz de amar y sólo se centraba en conseguir a aquellas que deseaba...
Y a ella la deseaba. De la potente atracción mutua no cabía ninguna duda.
¿Qué hubiera hecho él si ella le hubiera repugnado físicamente? ¿Casarse igualmente y mantenerla a raya a base de amenazas, en vez con el doble juego de amenazas y sexo?
Porque las dos cosas habían influido, reconoció ante sí misma. No había accedido a quedarse a su lado sólo para proteger a Trace: realmente no había sido capaz de abandonarlo.
El sexo era un lazo muy sólido. Y a ella la había atrapado como una telaraña a una mosca: estaba atada con unos delicados, sedosos hilos de fascinación...
Se sobresaltó. Nick se movía con una ligereza asombrosa en un hombre de su tamaño y, absorta en sus pensamientos, no lo había oído acercarse. Él la rodeó con los brazos.
-¿Qué haces aquí todavía? Pensaba que ya estarías en la cama y dormida.
-Estaba mirando. Es una noche preciosa -dijo con la voz algo ronca.
Nick acercó la cara hasta estar mejilla con mejilla.
-¿Quieres acostarte conmigo, Miley?
-¿Es que tengo elección?
-Sí, la tienes -repuso él con una breve sonrisa.
Y Miley tuvo en ese momento la extraña seguridad de que si decía que no él la respetaría y no trataría de seducirla.
-¿Por cuánto tiempo? -preguntó ella respirando hondo.
-Todo el tiempo que estés conmigo.
Un escalofrío le subió por la espalda. Quizá se había equivocado y él no la deseaba. Quizá sólo la había querido atrapar con aquel sensual lazo para tener más control sobre ella.
-¿Ya no me deseas? -preguntó ella con dificultad.
-Sí, por supuesto que sí. Siente cuánto...
Y tomándole las nalgas con las manos hizo que sus cuerpos se pegaran de cintura para abajo, lo cual despejó todas las dudas de Miley.
-¿Entonces por qué? -susurró ella con la garganta seca.
Él dejó caer los brazos y le permitió poner cierta distancia entre ellos.
-Digamos que mala conciencia por la forma en que me he convertido en tu marido.
-¡Conciencia! ¿Tú?
Él hizo un gesto como si aquellas palabras fueran una bofetada. Pero su voz era suave y tranquila cuando dijo, con una rara formalidad:
-Quizá demasiado tardía... Sin embargo, no volveré a intentar mantener relaciones contigo a menos que tú quieras. Está en tus manos, Miley.
Si al menos le importase un poco..., pensó Miley con desánimo. Pero al estudiar su sombreada cara sólo vio en ella deseo. Como si le pesase demasiado dejó caer la cabeza y fijó los ojos sin ver en la hebilla de su cinturón.
Sin embargo, ¿por qué no aceptar la oferta? Era su única oportunidad de ser feliz, al menos por un rato. y olvidar la devastadora perspectiva del resto de su vida sin él.
No importaba lo que le hubiese hecho. Ahora sabía que todavía lo amaba y le dolía. Era un dolor dulce y amargo, un puño de hierro que le apretaba el corazón.
Pero el dolor que le había causado lo había compensado con creces con el éxtasis al que la había llevado. Y, en el fondo de su corazón, sabía que él era el único hombre al que había amado y amaría.
Miley alzó la cara, lo miró a los ojos y dijo con claridad:
-Sí, quiero que seas mi amante.

jueves, 26 de mayo de 2011

Venganza Capítulo 14

Miley se encontró preguntándose qué tipo de hombre sería su hermano. No sabía nada sobre su matrimonio, o sea, que no podía defenderlo. Pero por lo poco que lo conocía, por sus cartas y su actitud hacia ella, no parecía el tipo de hombre que maltrataría a su esposa embarazada.
-Como estaba diciendo... -continuó Nick mientras la acariciaba la mejilla- si al cabo de ese tiempo resulta que todavía me interesas, tengo intención de mantener nuestro matrimonio.
-¡Muy amable! Pero se te olvida una cosa.
-¿Qué?
-Yo. Lo que yo quiera y tenga intención de hacer.
-Quizá sea hora de dejar una cosa clara -dijo él negando con la cabeza-. Harás exactamente lo que yo diga. Aunque estoy dispuesto a ser un marido tolerante entre mis planes no está...
-Quizá sea hora de que yo te deje algo claro -dijo ella entre dientes-. Tus planes, sean los que sean, no cuentan. No tengo intención de quedarme contigo cinco días si puedo evitarlo, por no hablar de cinco meses. Si Trace viene...
-Vendrá.
-Pues me iré con él.
-Me temo que no lo puedo permitir.
-No puedes retenerme aquí -dijo ella valientemente.
Pero trató de no pensar en lo que ocurriría si había pelea entre él y Trace. La perspectiva era espantosa.
-Si te importa mínimamente tu hermano -dijo él como si supiese lo que estaba pensando Miley- no hará falta llegar a soluciones desagradables. Con tu cooperación encontraremos una salida más civilizada y, sin embargo, efectiva.
Miley esperó con el corazón en un puño.
-Por el momento -continuó Nick- todavía tiene algunos recursos y una vida aparentemente normal. Aunque soy dueño de su compañía podría mantenerme al margen y permitirle dirigirla. Por otra parte -añadió con una mirada oscura y glacial-, tengo el poder suficiente para dejarlo en bancarrota. Mañana mismo lo podría poner en la calle sin un solo centavo. Depende de ti.
-Si es un ser tan despreciable como tú dices, ¿por qué iba a importarme lo que le ocurriera?
El desafío de Nick estaba perfectamente calculado.
-Pero tú no crees que sea así, ¿verdad?
No, no lo creía. La misma intuición que le había dicho que había algo oscuro en Nick, le decía ahora que las cosas no podían ser como él las pintaba.
-¿Qué prefieres Miley? Puedo arruinarle si hace falta, pero creo que hacerle sufrir por ti como yo sufrí por Ginny es un castigo más adecuado.
Una cosa estaba clara: no podía quedarse parada y ver como Trace lo perdía todo. Era su hermano y había sido tan amable con ella...
Si accedía a quedarse ganarían algo de tiempo y quizá; con suerte, Trace no se preocupase tanto como Nick pensaba...
Al leer en su cara lo que pensaba, él sonrió y dijo:
-Me alegro de que hayas decidido cooperar.
-Vas demasiado rápido -dijo ella intentando mantener el control de la situación. Si me quedo quiero tener una habitación propia y me tienes que prometer que no...
-Sin condiciones, Miley. Si te quedas conmigo yo dicto las normas -le dijo él posándole un dedo sobre los labios.
-O sea, dominación absoluta.
-Puede que llegue a gustarte -dijo recorriendo el borde de sus labios con el dedo.
-Ni en sueños.
Él rió.
-Bueno, si es igualdad lo que buscas puedes empezar ahora mismo...
Confusa ante sus palabras y su gesto le preguntó, insegura:
-No sé a que te refieres.
-Entonces te lo enseñaré.
Se acercó a ella y le rozó levemente los labios antes de apartarse.
-Ahora bésame tú -dijo él-. Vamos, bésame. Sabes que, a pesar de todo, lo estás deseando.
Era verdad. Lo deseaba. Como si estuviera embrujada acercó sus labios a los suyos. Al notar que los de él permanecían cerrados los recorrió con la punta de la lengua. Cuando finalmente se abrieron, ella se emocionó ante aquella pequeña victoria. Tardó un par de instantes en notar que las manos de él recorrían su cintura. Él se deslizó poco a poco hasta quedar medio tumbado.
Tomó entonces una de las manos de Miley y se la llevó hasta el corazón y la mantuvo allí mientras susurraba:
-Sí, tócame...
Ella obedeció y dejó correr sus dedos sobre el áspero pecho en una exploración tan satisfactoria como erótica.
Siempre había soñado con acariciarlo con libertad y ahora se deleitaba en el contacto de sus sólidos huesos y músculos, en la suavidad de su piel y las potentes curvas de sus hombros.
Animada por los acelerados latidos del corazón llevó los dedos a las costillas, y le acarició la delgada cintura y las caderas hasta llegar a su liso y duro estómago.
La respiración de Nick se entrecortó cuando ella bajó aún más y tomó en su mano aquella carne erecta. Sonriendo, con la sabiduría transmitida desde los tiempos de Eva, la acarició y comprendió triunfalmente que tenía casi tanto poder sobre él como él sobre ella.
Excepto que en el caso de él casi cualquier mujer le valdría.
Aquella idea fue como un jarro de agua fría y la hizo detenerse. Pero cuando trató de apartarse, él la retuvo entre sus brazos diciendo:
-No, señora Jonas, no te vas.
-Déjame -dijo ella forcejeando-. No quiero...
Se resistió hasta que, exhausta, probó la resistencia pasiva. El la desnudó sin piedad y se entretuvo con sus pechos. Con toda la maestría de que era capaz la enloqueció poco a poco y la arrancó gemidos y jadeos que no pudo contener.
Pero sólo cuando la sintió suplicar bajo su cuerpo, asaltada por sensaciones tan intensas que casi la torturaban, se avino a complacerla.
Y con varias y potentes estocadas la envió a flotar por el aire antes de volver lentamente a la tierra.
Ella estaba ya prácticamente dormida cuando él la liberó de su peso, físicamente y emocionalmente agotada.

Miley se despertó e inmediatamente lo recordó todo. Una mezcla de excitación y humillación surgió dentro de ella. Miró a su alrededor y descubrió que, por suerte, estaba sola.
Suspirando apartó las revueltas sábanas y con los miembros rígidos y doloridos se acercó a la ventana y apartó la cortina.
La inocencia de la primera hora de la mañana había dado paso a la descarada luz de la tarde.
Si aquella hubiera sido una auténtica luna de miel no hubiera pasado más tiempo en la cama, pensó con una chispa de irónico humor.
Después se dio una ducha para relajar los músculos y a continuación, con una toalla enrollada, fue hacia el armario para buscar algo que ponerse de entre sus antiguas posesiones. Al abrir el cajón de la ropa interior reparó en que allí sólo estaba la que Nick le había comprado. Sospechando lo que ocurría abrió de golpe la puerta del armario: toda la ropa que llevó desde Inglaterra había desaparecido.
Aún estaba protestando para sus adentros cuando la puerta se abrió y apareció Nick. En su porte había una combinación de triunfalismo y decisión. Y tenía una insoportable cara de satisfacción.
-¿Qué has hecho con mi ropa? -explotó ella.
-Me he deshecho de ella -repuso él con calma.
-Pues si crees que me voy a poner algo de lo que tú me has comprado...
-Bueno, no hace ningún frío. O sea que si no te quieres vestir es asunto tuyo... La verdad es que yo te prefiero desnuda -y añadió acercándose mucho-. Pero me temo que debo insistir en que te pongas esto.
Antes de darse cuenta, él ya le había colocado el anillo pero, al ir a hacer lo propio con el colgante, ella se lo quitó de las manos y, furiosa, lo arrojó contra la pared.
-Recógelo, Miley -dijo él sin moverse y con el rostro despojado de toda expresión.
-No.
-Lo vas a recoger y lo vas a llevar para complacerme.
Ella se resistió desesperadamente.
-Si te obedezco en todo, mi vida ya no será mía.
-Obedéceme -le dijo él con una mirada que despedía furia.
Ella intentó mantenerse firme, trató de agarrarse a su fuerza de voluntad, pero la determinación de aquel hombre tenía tal fuerza que no había forma de oponerse a ella.
Llamándose cobarde y con un sollozo, Miley cruzó la habitación y se arrodilló para recoger el colgante de debajo de la cómoda. Cuando por fin lo encontró, las manos le temblaban de tal manera que no podía ni cerrar el broche.
-Deja que te lo ponga yo -dijo él en un tono suave y satisfecho.
Cuando ya lo tuvo colgado del cuello, frío y pesado, Miley reunió la poca calma que le quedaba y dijo altivamente:
-Gracias.
Él miró el reloj y después recorrió con la mirada su cuerpo, aún cubierto por la toalla.
-Son las seis y cuarto -comentó perezosamente-. ¿No tienes intención de vestirte para cenar?
Con la cabeza muy alta, ella contestó:
-No, a menos que me pueda poner mi propia ropa.
-Me temo que eso no es posible -dijo Nick en un tono casi de lástima-. Sin embargo, si realmente quieres recibir a tu hermano sin más atavío que una toalla...
El corazón de Miley se lanzó a la carrera.
-¿Quieres decir que viene para acá? ¿Esta tarde?
Con una fría sonrisa que la heló las venas, Nick confirmó:
-Sí, estará aquí en unos veinte minutos.
Con un pánico que le encogía el estómago, Miley preguntó enseguida:
-¿Cómo lo sabes?
-Me mantengo en contacto con el continente.
-Con tus espías, querrás decir.
-¡Qué melodramática! -se burló Nick.
-¿Es que has hecho que lo sigan?
-No me gusta dejar nada al azar -admitió él-. De hecho, va a llegar antes de lo que yo pensaba. Bueno -añadió con sarcasmo-, ¿lo vas a recibir con la noticia de que tu cruel marido te ha escondido la ropa?
Miley no se molestó en contestarle y se giró para dirigirse al armario. Nick la detuvo agarrándola de la muñeca.
-Sólo quiero recordarte una cosa, cariño -dijo con crueldad-. Si trata de convencerte de que te vayas con él, niégate. Por su bien -y entonces añadió con desenfado-. Si quieres contarle por qué, puedes hacerlo.
«¡Sí, claro, y hacer que además se sienta culpable!», pensó ella.
-¿No quieres también que llore y me agarre a él un poquito? -dijo Miley sin pensárselo dos veces.
-Llora todo lo que quieras. Pero recuerda que si se preocupa demasiado eso podría traer consecuencias desagradables...
La imagen de dos perros luchando por un hueso apareció en su mente mientras observaba alejarse a Nick escaleras abajo.
Un segundo después su cerebro empezó a funcionar con una curiosa lucidez y finalmente decidió cual sería la mejor estrategia.
Se vistió con un vestido de seda roja, ceñido y con escote, y se puso unas sandalias altas a juego. Luego se dejó los rizos sueltos y se maquilló con cuidado. Al mirarse en el espejo descubrió que el efecto era el que buscaba: la tímida chica había dado paso a una refinada y elegante mujer con un anillo de diamantes brillándole en el dedo. Una mujer que transmitía confianza en sí misma.
Ahora sólo necesitaba unas gotas de ese perfume francés que le había parecido demasiado fuerte cuando Nick se lo regaló. Ya estaba lista.
Él estaba en el salón, junto a la puerta de la terraza, y al verla entrar tuvo que mirarla dos veces.
-¿No te gusta? -le preguntó añadiendo con aire inocente-. Lo elegiste tú.
Él, recuperando el aplomo, respondió:
-Tienes un aspecto maravilloso.
Pero en absoluto el que Trace se esperaría... Estaba tan claro como si él lo hubiera dicho en voz alta y ella se felicitó a sí misma.
-¿Sabes cómo llegará Trace hasta aquí? -preguntó Miley esperando oír un helicóptero en cualquier momento.
-En barco -dijo él al tiempo que señalaba una motora azul ya amarrada en la playa.
-Ya está subiendo hacia aquí -dijo Nick con una salvaje satisfacción que dejaba ver lo ansioso que estaba por enfrentarse a él.
Miley, luchando por controlar su nerviosismo, salió a la terraza. Cuando Nick la siguió le dieron ganas de saltar de alegría. Si pudiera seguir marcando el paso ella...
-Se acerca una tormenta -comentó él.